martes, 9 de diciembre de 2014

El día cualquiera



Me comiste la cabeza
mientras me agarrabas los labios,
y fue como soplar un diente de león
que cumple todos tus deseos;
y los míos, si cierro los ojos. 

Y la luz bajó su intensidad,
o fuiste tú
para enseñarme las constelaciones
que habías inventado,
porque el cielo estaba cerrado
aquella noche.
Aquella noche
la suerte 
vino desnuda,
clandestina,
con ganas de quedarse;
dibujando tu sonrisa con vistas al mar.

Y mis ojos 
pasaron a ser el balcón
para imaginar tempestades,
que pasen mientras morimos de risa
por las cosquillas de la punta de tus dedos
en la comisura de mis besos.




Fuente









No hay comentarios:

Publicar un comentario

Recibe las entradas en tu email