jueves, 15 de enero de 2015

Su silencio



Yo en pijama, él en camisa.
Así pasamos los fines de semana.

Caen besos de punta y nuestro refugio son las sábanas,
para dormir sólo lo justo y soñar despiertos;
siempre fue más bonito que cerrar los ojos y no ver cómo respira mientras duerme,
o cómo me hace reír hasta que duele,
como duelen los domingos sin siesta
y sin él.

Hay días que despiertan con el sol acariciando su frente,
con café para dos que se desayuna tarde.
Tardes con la postura exacta para vernos sonreír y respirarnos
durante horas,
hasta que se abre la noche
y saldamos la deuda de todo lo que no nos besamos a diario,
y recordamos cómo y cuándo nos encontramos sin buscarnos.
Y cómo hallarnos nos trazó este lienzo.

Para descubrir que su cuello esconde escalofríos,
que la palma de su mano puede dar paz en solo una caricia, 
y que un silencio suyo es capaz de decir todo lo que necesito escuchar.




Me gusta la parte en que sus dedos
llevan el ritmo de la perfección.





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